Estaba tomandome un té, reflexionando sobre la vida a las 4 de la madrugada, cuando de repente pensé lo siguiente:

Aún si un gato tuviera la inteligencia como para manejar un auto, aún si tuviera el largo para alcanzar los pedales y estar sentado, aún si tuviera la fuerza para girar el volante, y etc. etc… Aún asi, se encontraría con un gran impedimento para conducir: Al no poder diferenciar los colores, no podría respetar semáforos!.

Por favor tené eso en cuenta si alguna vez pones a tu gato frente al volante.